Hay una pregunta que me llega casi cada semana por correo, sobre todo entre marzo y julio, cuando la gente empieza a cerrar vuelos: «Oye, ¿de verdad me pueden pedir un seguro para entrar en el país?». Y la respuesta corta es que sí, en más sitios de los que imaginas, aunque el mapa real es bastante más raro y desigual de lo que cuentan por ahí. Voy a intentar ordenarlo por zonas del planeta, como si desplegáramos un atlas encima de la mesa, para que sepas dónde el seguro es un requisito de entrada de verdad y dónde es simplemente muy recomendable pero nadie te lo va a exigir en la aduana.
Antes de arrancar, un aviso que voy a repetir hasta cansarte a lo largo del texto: esto cambia. Los gobiernos meten y quitan requisitos con una facilidad que asusta, a veces con pocas semanas de margen, y lo que hoy es obligatorio el año que viene puede haber desaparecido, o al revés. Así que toma esta guía como un punto de partida honesto, no como una verdad grabada en piedra. Confirma siempre en la web del consulado o de la embajada del país al que vas antes de dar nada por hecho.
Qué quiere decir realmente que un seguro sea «obligatorio»
Empiezo por aquí porque casi todo el lío nace de este malentendido. Cuando alguien dice que un país «exige seguro», puede estar hablando de tres cosas muy distintas, y mezclarlas te lleva a comprar de más o, peor, a viajar sin cobertura pensando que ya te vale. La primera es el requisito de entrada: te lo piden para dejarte cruzar la frontera o para concederte el visado, y sin él no subes al avión o te dan la vuelta en el control. La segunda es un requisito de visado, que a veces coincide con lo anterior y a veces no; hay países que solo lo reclaman si pides cierto tipo de visa y para el turista de estancia corta ni se molestan. Y la tercera, la más silenciosa, es la recomendación de facto: nadie te lo pide en papel, pero si te pones enfermo allí y no tienes seguro, la factura te puede arruinar el año.
Me interesa que distingas estas capas porque el enfoque cambia por completo. Para un requisito de entrada necesitas un certificado, un papel con membrete, unas coberturas mínimas concretas y a veces hasta traducido. Para la recomendación de facto lo que necesitas es sentido común y una póliza decente. No es lo mismo, aunque el producto que contrates pueda ser el mismo. Y ojo, porque me he encontrado con viajeros convencidos de que su tarjeta sanitaria europea les cubría medio mundo. Spoiler: no.
Otra cosa que conviene tener clara desde ya. Que un país no te exija seguro no significa que viajar sin él sea buena idea. Yo diría más bien lo contrario en muchos destinos. La obligatoriedad legal y la prudencia sanitaria van por caminos separados, y hay sitios sin ningún requisito formal donde yo no pondría un pie sin una póliza sólida en el bolsillo. Lo veremos país por país, pero quédate con la idea de fondo.
Europa y el espacio Schengen: el malentendido más repetido

Aquí es donde más gente se confunde, y no me extraña, porque la información circula a medias. Vamos por partes. Si tú tienes pasaporte español y viajas por el espacio Schengen, no te van a pedir ningún seguro. Faltaría más. Te mueves como en casa, con tu DNI o tu pasaporte, y en caso de necesitar atención sanitaria tiras de la Tarjeta Sanitaria Europea, que te cubre la asistencia pública en igualdad de condiciones con los locales. Nadie en la frontera francesa, alemana o italiana te va a exigir una póliza. Ese requisito no existe para nosotros.
El seguro obligatorio en Schengen aparece en otro escenario completamente distinto: el del visado de corta estancia, ese que necesitan los ciudadanos de fuera de la UE que sí requieren visa para entrar. A esa persona, pongamos un viajero de un país que necesita tramitar el visado Schengen, sí se le exige un seguro médico de viaje con una cobertura mínima de 30.000 euros que incluya gastos médicos de urgencia y repatriación, válido para todo el territorio Schengen y toda la duración de la estancia. De ahí viene el famoso mito. La gente lee «para el visado Schengen hace falta seguro» y lo traslada a su caso sin darse cuenta de que, siendo español, no tramita ese visado en absoluto.
Dicho esto, hay matices dentro de Europa que merece la pena conocer. La Tarjeta Sanitaria Europea es estupenda, pero cubre lo que cubre la sanidad pública del país, ni más ni menos. Si te rompes una pierna esquiando en los Alpes franceses, el rescate en helicóptero de montaña no siempre entra, y esa factura tiene cifras de pesadilla. Tampoco cubre el traslado de vuelta a España si necesitas repatriación médica, ni la asistencia en clínicas privadas, ni las molestias de un vuelo perdido. Por eso, aunque nadie te obligue, en un viaje por Europa un seguro complementario tiene todo el sentido del mundo, sobre todo si vas a hacer deporte o si viajas con niños pequeños.
El Reino Unido, Suiza y los que van por libre
Con el Brexit, el Reino Unido salió de la ecuación europea que conocíamos. La buena noticia es que la antigua tarjeta sanitaria se sustituyó por otra que mantiene, de momento, una cobertura de urgencias para los españoles que visitan las islas. Pero es una cobertura básica, pensada para lo imprevisto y lo urgente, no para todo. Suiza, que no está en la UE pero sí en Schengen y tiene acuerdos, funciona con lógica parecida. En ninguno de los dos te exigen seguro para entrar como turista, aunque yo lo llevaría igualmente, porque la sanidad privada británica y la suiza están entre las más caras del continente.
Y luego está el matiz de las autoridades locales que, en teoría, pueden pedirte que acredites medios para tu estancia, incluido un seguro, aunque en la práctica esto casi nunca pasa con un turista español de vacaciones. Lo menciono para que no te sorprenda si alguna vez lees la letra pequeña de las condiciones de entrada. La norma escrita a veces es más severa que la realidad del mostrador. Aun así, verifica las condiciones actualizadas antes de salir, porque el escenario post-Brexit sigue moviéndose.
De América del Norte al Cono Sur: un continente de contrastes
América es probablemente el continente donde más se nota la brecha entre «obligatorio por ley» y «obligatorio por pura supervivencia financiera». Vamos de arriba abajo.
Estados Unidos y Canadá
Aquí llega una de esas paradojas que a mí me siguen pareciendo increíbles. Estados Unidos no exige seguro de viaje para entrar. Ni con el ESTA, ni con visado. No hay una casilla que lo reclame, no hay un funcionario en la frontera que te pida el certificado. Y sin embargo, es probablemente el país del mundo donde viajar sin seguro es más temerario, porque su sistema sanitario privado tiene precios que no tienen ningún sentido para un europeo. Una noche en urgencias por algo tan tonto como una apendicitis puede irse a decenas de miles de dólares. Un ingreso en cuidados intensivos, a cifras que ni te cuento. Así que lo repito con mayúsculas mentales: no es obligatorio, pero ir a Estados Unidos sin seguro es de las peores decisiones que puedes tomar como viajero.
Canadá va por el mismo camino. No lo exige para el turista con la autorización electrónica de viaje, pero su sanidad para no residentes también se paga, y bien. Aquí además entra en juego un detalle que mucha gente pasa por alto: si viajas siendo mayor o con alguna condición médica previa, algunas provincias y ciertos trámites de estancias largas sí empiezan a mirar con lupa que tengas cobertura. Para dos semanas de turismo, ni te lo pedirán. Pero llevarlo es de cajón.
México, Caribe y Centroamérica
El panorama centroamericano y caribeño es cambiante y hay que mirarlo destino por destino. México, por lo general, no ha exigido seguro al turista español, aunque durante ciertos periodos algunos estados o momentos concretos han introducido requisitos que luego se retiraron. Cuba es el caso más claro de la zona: lleva años pidiendo un seguro médico que cubra gastos en la isla, y en el aeropuerto pueden solicitártelo. No es un capricho; su sistema sanitario para extranjeros funciona con un esquema propio y el seguro forma parte de la ecuación de entrada.
En el resto del Caribe la cosa fluctúa. Hubo una época en que varias islas exigieron seguros específicos ligados a la situación sanitaria global, y algunos de esos requisitos se mantuvieron más tiempo del previsto en ciertos destinos. Hoy la mayoría los ha levantado, pero justamente por lo mucho que se movió esta región en los últimos años es donde más me fío de una sola cosa: consultar la web oficial del destino unos días antes de volar. Lo que valía el verano pasado puede no valer este.
Sudamérica y el Cono Sur
Buena parte de Sudamérica no exige seguro obligatorio al turista español para una estancia corta. Argentina, Chile, Perú, Colombia, Brasil… en condiciones normales entras sin que te pidan póliza. Pero hay excepciones y detalles que conviene conocer. Argentina ha coqueteado en distintos momentos con exigir cobertura sanitaria a los visitantes, sobre todo ligada a la atención de no residentes en el sistema público, y es uno de esos requisitos que va y viene según el gobierno de turno. No me sorprendería nada que en 2026 haya novedades en este sentido, así que mételo en tu lista de comprobaciones.
Más allá de la obligatoriedad, aquí el seguro se justifica por la geografía. Si vas a Perú a hacer el Camino Inca, a Bolivia a subir por encima de los cuatro mil metros, o a la Patagonia a caminar entre glaciares, el mal de altura, un accidente de trekking o una gastroenteritis fea en mitad de la nada son escenarios reales. La asistencia médica en zonas remotas es complicada y cara, y una repatriación desde según qué rincón del altiplano tiene un coste que no quieres asumir de tu bolsillo. Insisto en la idea: puede que nadie te lo exija, pero tu cuerpo te lo va a agradecer.
Asia: la región con más novedades y más letra pequeña
Si tuviera que elegir el continente donde más cambios se han producido en los últimos años, sería Asia sin dudarlo. Es un mosaico enorme de países con políticas dispares, y varios de ellos han incorporado o retirado requisitos de seguro con bastante frecuencia. Aquí la vigilancia constante no es un consejo, es una necesidad.
El Sudeste Asiático
Tailandia es el ejemplo perfecto de esta volatilidad. En distintos momentos ha planteado exigir seguro médico obligatorio a los turistas, ha llegado a implantarlo para ciertos tipos de visado y de estancia, y luego ha suavizado o modificado la medida. Para visados de larga duración y para algunos permisos concretos, el seguro sí es un requisito en Tailandia, con coberturas mínimas establecidas. Para el turista de estancia corta el escenario ha ido cambiando, así que este es de manual: comprueba la situación exacta según tu tipo de entrada y tus fechas.
Otros países de la zona, como Indonesia, Vietnam, Camboya o Filipinas, han tenido requisitos temporales ligados a situaciones sanitarias que en su mayoría ya no están vigentes, pero que dejaron el terreno movedizo. Singapur y Malasia tienen sistemas sanitarios buenos pero caros para el extranjero. En ninguno de ellos el seguro es, ahora mismo y en general, un requisito de entrada firme para el turista, pero varios lo han sido en el pasado reciente y podrían volver a serlo. La palabra clave en el Sudeste Asiático es verificar, casi con obsesión.
India, Sri Lanka y el subcontinente
India, con su sistema de visado electrónico, no suele exigir seguro de forma explícita al turista, pero es otro de esos destinos donde ir sin cobertura me parece jugar a la ruleta rusa. La calidad de la sanidad varía muchísimo según dónde estés, las infecciones estomacales son casi un rito de paso y, si algo se tuerce de verdad, querrás poder acceder a un hospital privado decente sin pensar en el precio. Sri Lanka ha tenido idas y venidas con requisitos de entrada en los últimos años. Nepal, puerta del Himalaya, no exige seguro para entrar, pero cualquiera que planee trekking de altura debería llevar una póliza que cubra específicamente rescate en montaña y evacuación en helicóptero, porque ahí arriba es la diferencia entre un susto y una tragedia.
Japón, China y el Asia Oriental
Japón no exige seguro obligatorio al turista español, pero su sanidad es de primerísima calidad y de precio acorde. China ha manejado requisitos variables según el tipo de visado y el momento, y su política de entrada ha sido de las más cambiantes del planeta, así que ahí toca revisar con especial cuidado la situación vigente. Corea del Sur, en su día, llegó a exigir seguro ligado a su autorización de viaje electrónica en determinados periodos. Ninguno de estos gigantes asiáticos tiene una política estable y previsible en esta materia, y por eso los meto todos en el mismo saco de la comprobación previa. Lo que leas en un blog de hace dos años no te sirve.
Oriente Próximo
La zona del Golfo ha sido pionera en vincular el seguro a la entrada. Varios países han exigido, en distintos momentos, un seguro médico como condición para conceder el visado o la autorización de viaje, a veces incluso ofreciendo su propia póliza estatal en el proceso de tramitación. Emiratos, Qatar y otros vecinos han funcionado con esta lógica en los últimos años. Israel también ha reclamado seguro médico a los visitantes en ciertos periodos. Es una región donde la obligatoriedad aparece con relativa frecuencia y donde, además, la asistencia privada es la norma para el extranjero. Aquí llevar seguro es lo esperado, lo exijan o no formalmente en tus fechas concretas.
África: sanidad limitada, vacunas y prudencia máxima
África es un continente donde la conversación sobre el seguro cambia de tono. Aquí ya no hablamos tanto de un papel que te piden en la aduana, sino de una red de seguridad sin la cual, sinceramente, no debería viajar nadie a determinadas zonas. La infraestructura sanitaria es muy desigual: hay capitales con clínicas privadas excelentes y hay regiones enteras donde el hospital más cercano está a horas de camino y con recursos escasos.
En cuanto a requisitos formales, algunos países africanos sí han incorporado el seguro obligatorio. Egipto, Marruecos y varios destinos del norte y el este han manejado exigencias de seguro en distintos momentos, a veces ligadas a paquetes turísticos o a la situación sanitaria global. Kenia, Tanzania, Ruanda y otros del circuito de safaris han tenido requisitos variables. Pero incluso donde no lo piden, la lógica es aplastante: si vas a hacer un safari en el interior, una evacuación médica hasta una ciudad con hospital serio, o directamente una repatriación a Europa, cuesta una fortuna. Una póliza con buena cobertura de evacuación no es un lujo aquí, es lo básico.
Y hay un asunto que no es exactamente seguro pero que va de la mano: las vacunas y los certificados sanitarios. Muchos países africanos exigen el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla para entrar, sobre todo si llegas de una zona endémica o si vas a moverte por regiones de riesgo. Eso no es un seguro, pero forma parte del mismo bloque de requisitos de entrada sanitarios que tienes que revisar con tiempo, porque algunas vacunas necesitan ponerse días o semanas antes del viaje para ser efectivas. La malaria, el dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos son un riesgo real en muchas zonas, y la prevención empieza mucho antes de subir al avión.
Mi consejo para África es el más rotundo de toda la guía. Da igual lo que diga la letra pequeña de los requisitos de entrada de tu destino concreto: no viajes a este continente, y menos a sus zonas rurales o de aventura, sin un seguro que incluya de forma explícita evacuación y repatriación médica con cobertura amplia. Es la parte del planeta donde una póliza floja te puede dejar tirado de verdad.
Oceanía y destinos lejanos: lo remoto se paga
Australia y Nueva Zelanda son destinos maravillosos y, para el turista español de estancia corta, en general no exigen seguro obligatorio de entrada. Aquí conviene un matiz importante: si vas con un visado de trabajo, de estudios o de estancia prolongada, la cosa cambia. Australia, por ejemplo, tiene requisitos de cobertura sanitaria bien definidos para determinados visados de larga duración, y ahí el seguro deja de ser opcional para convertirse en condición del permiso. Para el que va tres semanas de vacaciones con su autorización electrónica, no te lo van a pedir. Para el que se va un año a currar o a estudiar, sí, y con coberturas concretas.
Lo interesante de Oceanía es lo mismo que la hace tan atractiva: está lejísimos y tiene mucho territorio remoto. Nueva Zelanda tiene un sistema propio para accidentes que cubre ciertas cosas incluso a visitantes, pero no lo cubre todo ni de lejos, y desde luego no te paga el vuelo de vuelta a casa si necesitas repatriación. Y una repatriación médica desde las antípodas es, con diferencia, de las más caras que existen por pura distancia. Piénsalo: trasladar a una persona enferma o accidentada desde Sídney o Auckland hasta un hospital español implica vuelos medicalizados, personal sanitario acompañante y una logística que se cuenta en decenas de miles de euros.
Y luego están las islas del Pacífico, esos paraísos de postal que también son de los lugares más aislados del mundo en términos sanitarios. Fiyi, Polinesia, las pequeñas naciones insulares… allí un problema médico serio casi siempre implica una evacuación a Australia, Nueva Zelanda o Hawái, y esas facturas son de las que te cambian la vida. Nadie te va a exigir seguro en la mayoría de estos destinos, pero llegar hasta ahí sin una cobertura de evacuación potente es, en mi opinión, una imprudencia notable. Cuanto más lejos y más aislado, más importa el seguro, aunque paradójicamente sea donde menos te lo pidan.
Cómo saber con certeza si tu destino lo exige
Llegados a este punto, ya te habrás dado cuenta de que me niego a darte una lista cerrada de «estos países sí y estos no», y es a propósito. Cualquier lista que yo publique hoy tiene fecha de caducidad, y prefiero enseñarte a pescar. Estas son las fuentes en las que yo confiaría, y el orden en que las miraría.
La primera parada, siempre, es la web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores y su apartado de recomendaciones de viaje por países. Ahí encuentras la información sobre requisitos de entrada actualizada para viajeros españoles, incluida la mención al seguro cuando lo hay. Es información pensada específicamente para ti, con tu pasaporte, y por eso es más útil que cualquier blog genérico. La segunda fuente es la embajada o el consulado del país de destino, ya sea su web o directamente un correo o una llamada si tienes dudas. Ellos son la autoridad última sobre sus propias condiciones de entrada.
La tercera pata, y no la menor, es la aerolínea con la que vuelas. Las compañías tienen la obligación de verificar que cumples los requisitos de entrada antes de dejarte embarcar, porque si te devuelven en destino, el coste del billete de vuelta recae sobre ellas. Eso significa que sus sistemas suelen estar bastante al día sobre qué documentación necesitas, seguro incluido. Si tienes dudas de última hora, preguntar en el mostrador o en el servicio de atención de la aerolínea te puede sacar de un apuro.
Un truco que doy siempre: haz esta comprobación en dos momentos. Uno al planificar el viaje, cuando compras los vuelos, para saber a qué atenerte. Y otro entre siete y diez días antes de salir, por si algo ha cambiado en el intervalo. Puede parecer excesivo, pero ya has visto cómo se mueve este tema, y una comprobación de cinco minutos te ahorra el disgusto de que te den la vuelta en un aeropuerto extranjero. Desconfía de la información sin fecha; si un artículo o un foro no te dice cuándo se escribió, no te fíes de sus requisitos concretos.
Qué coberturas mirar cuando el seguro es obligatorio

Cuando un país sí te exige seguro, no vale cualquier cosa. Suelen pedir unas coberturas mínimas concretas, y si tu póliza no las cumple, es como no llevar nada. Vamos con lo que de verdad importa mirar.
Lo primero y más importante es el capital de gastos médicos. Es la cifra máxima que el seguro pagará por asistencia sanitaria, hospitalización, intervenciones y demás. Para Schengen, cuando aplica, el mínimo son 30.000 euros. Pero para destinos como Estados Unidos, donde la sanidad es carísima, yo no me iría con menos de varios cientos de miles, e idealmente con capitales muy altos o ilimitados, porque ahí 30.000 se te quedan cortos en un suspiro. La cifra tiene que estar en proporción con el coste sanitario del destino, no con lo que te exijan de mínimo.
Lo segundo es la repatriación y la evacuación médica. Es, para mí, la cobertura más crítica de todas en destinos lejanos, y la que más gente ignora al comparar precios. Que el seguro se haga cargo de trasladarte a un hospital adecuado, o de devolverte a España en avión medicalizado si hace falta, es lo que marca la diferencia entre un susto caro y una ruina. Comprueba que esté incluida, que no tenga topes ridículos y que cubra el destino concreto al que vas.
- Gastos médicos, hospitalización y urgencias con un capital acorde al destino.
- Repatriación sanitaria y evacuación, sin topes que la vacíen de sentido.
- Cobertura durante toda la duración del viaje y en todo el territorio previsto.
- Asistencia telefónica 24 horas en español, que en mitad de una urgencia se agradece muchísimo.
- Actividades que vayas a practicar: trekking de altura, buceo, deportes de nieve y aventura suelen quedar fuera de las pólizas básicas.
Ese último punto de la lista lo subrayo con fuerza. Muchísima gente contrata un seguro barato, se va a bucear a Egipto o a esquiar a los Alpes, tiene un accidente haciendo precisamente eso, y se encuentra con que la póliza no cubre «deportes de riesgo». Lee siempre qué actividades están incluidas y cuáles excluidas, porque es una de las trampas más frecuentes y más caras. Si vas a hacer algo más movido que pasear y tomar el sol, dilo al contratar y asegúrate de que entra.
Otro detalle que se pasa por alto: cuando el requisito es de entrada, a veces te piden un certificado que acredite la póliza, con tus datos, las coberturas y las fechas, y ocasionalmente en inglés o traducido. No basta con tener el seguro, hay que poder demostrarlo en el formato que pidan. Descárgate ese documento, llévalo impreso y también en el móvil, y comprueba que las fechas cubren exactamente tu estancia, sin dejarte fuera ni el día de llegada ni el de vuelta.
Los errores que veo cometer una y otra vez
Después de responder a cientos de consultas, hay tropiezos que se repiten con una regularidad casi cómica si no fuera porque a veces salen muy caros. Te los cuento para que no caigas en ellos.
El primero y más común: confundir la Tarjeta Sanitaria Europea con un seguro de viaje. Ya lo he dicho antes, pero insisto porque es el error estrella. La TSE es magnífica dentro de Europa, pero solo cubre la sanidad pública del país, no la privada, no la repatriación, no las incidencias del viaje, y fuera de la UE no vale absolutamente nada. Llevar la tarjeta y creerte cubierto para un viaje a Tailandia es un espejismo peligroso.
El segundo: dar por hecho que la tarjeta de crédito ya incluye seguro de viaje suficiente. Algunas tarjetas premium sí traen coberturas, es cierto, pero suelen estar condicionadas a haber pagado el viaje con esa tarjeta, tienen capitales limitados, exclusiones importantes y letra pequeña que casi nadie lee. Puede servir de complemento, pero jugártela creyendo que cubre una urgencia grave en Estados Unidos es arriesgado. Si vas a confiar en ella, lee sus condiciones de verdad, no la publicidad.
El tercero: contratar el seguro más barato sin mirar qué cubre. El precio de un seguro de viaje suele ser ridículo comparado con el coste del viaje entero y, sobre todo, comparado con lo que te puede costar un problema médico serio en el extranjero. Ahorrarte veinte euros en la póliza para acabar pagando de tu bolsillo una factura de miles es el peor negocio posible. Mira las coberturas, no solo el precio final.
El cuarto lo veo mucho en gente organizada que, paradójicamente, se despista aquí: calcular mal las fechas de la póliza. El seguro tiene que cubrir desde que sales de casa hasta que vuelves, incluidos los días de vuelo y cualquier escala. Contratar el seguro para las fechas del hotel y olvidarte de que el vuelo de vuelta llega de madrugada del día siguiente es dejarte un hueco justo cuando más cansado y despistado estás. Ajusta las fechas con margen.
Y el quinto, que enlaza con todo lo anterior: fiarse de información desactualizada. Ya te lo he machacado a lo largo de toda la guía, pero es que es la madre de casi todos los problemas. Un requisito que leíste el año pasado, un consejo de un amigo que fue hace tres veranos, un artículo sin fecha… nada de eso te vale como fuente definitiva. Los requisitos de entrada son de las cosas que más rápido cambian en el mundo del viaje, y comprobarlos en fuente oficial poco antes de salir es la única red de seguridad fiable.
Hay un sexto que añado por experiencia propia: no declarar enfermedades previas al contratar. Si tienes una condición médica preexistente y no la declaras, corres el riesgo de que el seguro te deje colgado justo cuando lo necesitas, alegando que ocultaste información. Es incómodo declararlo, a veces sube un poco el precio, pero es la única forma de que la cobertura sea real y no un papel bonito que no sirve en el momento de la verdad.
Para tu próxima reserva
Si has llegado hasta aquí, ya tienes el mapa mental bastante más claro que la mayoría de la gente que hace la maleta. Recapitulo la idea de fondo, que es más importante que cualquier lista de países: la obligatoriedad legal del seguro y la conveniencia real de llevarlo son dos cosas distintas, y en la mayoría de destinos lo segundo pesa mucho más que lo primero. Hay países que te lo exigen en la frontera y países que no te dirán nada pero donde ir sin cobertura es tentar a la suerte con tu salud y tu bolsillo.
Antes de cerrar tu próxima reserva, hazte tres preguntas sencillas. Una: ¿mi destino exige seguro para entrar? Lo compruebas en fuente oficial, con fecha reciente, sin fiarte de blogs viejos. Dos: aunque no lo exija, ¿cómo de cara y de lejana es la sanidad allí si algo se tuerce? Cuanto más remoto y más caro, más innegociable es llevar buena cobertura de repatriación. Y tres: ¿la póliza que tengo cubre de verdad lo que voy a hacer, en las fechas exactas de mi viaje y con capitales suficientes? Si respondes bien a esas tres, viajas tranquilo y con la conciencia sanitaria en paz.
Al final, un buen seguro de viaje es de esas cosas que, cuando no lo necesitas, te parece que has tirado el dinero, y cuando lo necesitas de verdad, es lo mejor que has contratado en tu vida. Yo lo tengo clarísimo tras años metido en esto: cuesta poco, pesa cero en la maleta y te compra algo que no tiene precio, que es poder disfrutar del viaje sabiendo que, pase lo que pase, no vas a estar solo ni arruinado a miles de kilómetros de casa. Comprueba, contrata con cabeza y disfruta del camino. Buen viaje.
