Te das cuenta al aparcar: un roce contra el bordillo, un arañazo profundo en la puerta que apareció en el garaje, un pequeño golpe en el paragolpes que te hiciste tú solo dando marcha atrás. El impulso automático es llamar a la aseguradora y que lo arreglen ellos, que para eso pagas la póliza. Pero ese gesto tan lógico puede salirte caro durante los tres o cuatro años siguientes.
El motivo es que dar el parte no es gratis aunque no pagues franquicia. Cada siniestro con culpa hace que pierdas bonificación por buen conductor y que tu prima suba en las próximas renovaciones. Si el arreglo es barato, esa subida acumulada puede superar con creces lo que te habría costado pagar el taller de tu bolsillo. La pregunta correcta no es si tienes derecho a dar el parte (casi siempre lo tienes), sino si te compensa hacerlo.
Esta calculadora hace por ti la resta que casi nadie se para a calcular en el momento: pone frente a frente el coste de reparar por tu cuenta y el coste estimado de dar el parte contando la subida de prima de varios años. Introduce las dos cifras y tendrás un veredicto orientativo en segundos. Debajo te explicamos cómo interpretarlo, cuándo la cuenta no aplica y en qué casos hay que dar el parte siempre, sin dudarlo.
¿Doy el parte o pago el arreglo?
En un golpe pequeño con culpa tuya y sin terceros, a veces sale mejor pagar el arreglo que dar el parte y que te suba la prima. Compáralo.
Introduce el coste del arreglo y tu prima.
Orientativo y solo para daños pequeños SIN terceros ni lesionados. Si hay otro vehículo o personas implicadas, da siempre el parte.
La cuenta que de verdad decide: reparación contra prima acumulada
La lógica de fondo es sencilla. Cuando das un parte con culpa, la aseguradora paga el arreglo, pero tú "devuelves" ese dinero poco a poco en forma de prima más alta durante los años que tardes en volver a tu nivel de bonificación anterior. Por eso la comparación honesta no es "reparación contra cero", sino "reparación contra la subida de prima sumada de varios años".
Un ejemplo típico lo deja claro. Imagina un arañazo que el taller te repara por 300 euros y una prima anual de 450 euros. Si al dar el parte pierdes bonificación y tu prima sube unos 90 euros al año, en tres años habrás pagado 270 euros extra, y en cuatro, 360. La reparación por tu cuenta cuesta 300 euros de una vez; el parte, entre 270 y 360 a plazos. La diferencia es estrecha, y ahí es donde la calculadora te ayuda a ver de qué lado cae tu caso concreto.
La conclusión general que se repite en el sector es contundente: en daños pequeños con culpa tuya, pagar de tu bolsillo suele ganar. La balanza se invierte en cuanto la reparación se dispara. Si el taller te pide 1.200 euros o más, difícilmente la subida de prima de dos o tres años superará esa cifra, así que dar el parte pasa a ser lo rentable.
Cómo se calcula esa subida: el bonus malus por dentro
El mecanismo que encarece tu seguro tras un parte se llama bonus malus. Funciona como un carnet de bonificaciones: cada año que pasas sin siniestros con culpa subes uno o dos escalones y tu prima baja; cada parte con culpa te hace descender de golpe varios peldaños y tu prima sube. El descuento máximo por buen conductor ronda el 50 por ciento y la mayoría de escalas lo alcanza tras unos cinco ejercicios limpios.
No existe una tabla oficial única. Cada compañía define sus propios tramos y cuánto penaliza. Aun así, las cifras que se manejan en el mercado sirven de referencia: un solo parte con culpa puede encarecer la renovación hasta un 30 por ciento, lo que para una prima de unos 400 euros suele traducirse en entre 60 y 120 euros más al año. Y no es solo el año siguiente, porque partes de un escalón más bajo y tardas varios ejercicios en recuperar el terreno perdido.
Ese es el gran malentendido. Mucha gente piensa "me sube un año y ya está", cuando en realidad arrastras una prima algo más cara durante todo el periodo de recuperación. Por eso la calculadora estima la subida acumulada en varios años y no solo el sobrecoste del primer recibo. Cada año limpio te permite ascender de nuevo uno o dos escalones, de modo que la vuelta a tu bonificación anterior suele llevar de dos a cuatro años, y en las escalas más duras puede pasar de cinco.
Los tres casos en los que SIEMPRE se da el parte
Antes de ponerte a echar cuentas, comprueba que tu situación admite siquiera esa comparación. Toda esta lógica de "pagar o declarar" vale únicamente para daños en tu propio coche, provocados por ti, sin nadie más implicado. En cuanto aparece un tercero o una persona herida, la cuenta deja de importar y hay que declarar el siniestro. Estos son los tres supuestos que no admiten dudas.
La regla mental es fácil de recordar: la calculadora es para arañazos, no para accidentes. Si solo está afectada la chapa de tu coche y el culpable eres tú, adelante con la comparación. En cualquier otro escenario, el parte es la opción segura y muchas veces la obligatoria.
Daños propios pequeños en un todo riesgo con franquicia
Si tienes un todo riesgo con franquicia, la decisión tiene una capa más. La franquicia es la parte del arreglo que pagas tú antes de que entre la aseguradora. Aquí no basta con mirar el coste total: hay que comparar ese coste con la franquicia que tengas contratada.
Si la reparación cuesta menos que tu franquicia, dar el parte no tiene ningún sentido: pagarías igualmente todo el arreglo por la franquicia y encima cargarías con el siniestro en tu historial. En ese caso, arréglalo por tu cuenta y punto. Solo cuando la reparación supera con holgura el importe de la franquicia empieza a tener lógica declarar, y aun así conviene sumar el efecto de la subida de prima.
Ojo con un detalle poco conocido: si tu coche tiene daños independientes en zonas distintas, fruto de golpes diferentes, la aseguradora puede exigirte una franquicia por cada reparación, no una sola. Eso puede convertir en ruinoso un parte que sobre el papel parecía rentable. Y recuerda que solo un todo riesgo con cobertura de daños propios responde por un arañazo cuando no hay un tercero culpable identificado; con un seguro a terceros, esos golpes los pagas tú siempre.
Árbol de decisión en cuatro preguntas
Sí → da el parte y no sigas con la cuenta. No → pasa a la siguiente.
Sí → págalo tú, dar el parte no aporta nada. No → sigue.
Sí → probablemente compensa pagarlo tú (usa la calculadora). No → sigue.
Entonces dar el parte suele ganar: difícilmente la subida de prima superará esa cantidad.
El plazo legal para comunicar el siniestro (artículo 16 LCS)
Cuando decides que sí vas a declarar, no puedes tomártelo con calma. La Ley 50/1980 de Contrato de Seguro fija en su artículo 16 que debes comunicar el siniestro a la aseguradora en un plazo máximo de siete días desde que lo conoces, salvo que tu póliza establezca un plazo mayor. Ese plazo se puede ampliar en el contrato porque te beneficia, pero nunca reducir.
El mismo artículo añade otra obligación que suele olvidarse: además de avisar, tienes que facilitar toda la información sobre las circunstancias y las consecuencias del siniestro. Es decir, no vale con abrir el parte y desentenderse; la compañía puede pedirte fotos, presupuestos o una descripción de lo ocurrido.
Aquí conviene ser preciso, porque circula mucho miedo infundado. Incumplir el plazo de siete días no te hace perder automáticamente la indemnización. Lo que dice la ley es que, si te retrasas, la aseguradora puede reclamarte los daños y perjuicios que ese retraso le haya causado, y ni siquiera eso si prueba que se enteró del siniestro por otra vía. La pérdida del derecho a cobrar solo ocurre cuando hubo dolo o culpa grave, no por un simple despiste de un par de días.
Qué arriesgas de verdad si decides no declarar
Optar por pagar el arreglo tú mismo y no dar el parte es perfectamente legítimo cuando el daño es solo tuyo. Nadie te obliga a usar tu seguro por un roce que te has hecho contra una columna. El problema aparece cuando ocultas un siniestro que sí afecta a otros o que la aseguradora tendría que conocer.
El riesgo real de "no declarar" no es tanto una multa como quedarte sin cobertura justo cuando la necesitas. Si hubo un tercero y no diste el parte, esa persona puede reclamarte meses después y encontrarte sin el respaldo de tu seguro para ese caso. Y si se demuestra que ocultaste información de forma intencionada, entras en el terreno del dolo o la culpa grave, donde la ley sí permite a la compañía negarse a pagar.
Por eso la frontera es clara: ahorrarte el parte por un daño exclusivamente propio y pequeño es una decisión económica sensata; callar un accidente con terceros para proteger tu bonificación es un error que puede costarte mucho más que cualquier subida de prima.
El acuerdo amistoso con el otro conductor: cuándo funciona y cuándo no
Ante un toque menor con otro coche, mucha gente se plantea un pacto de palabra: "te doy X euros y no damos parte". Es tentador porque protege el bonus de ambos, pero tiene una trampa importante. Un acuerdo verbal no deja rastro, y si el otro conductor cambia de idea y reclama después, tú no tienes nada con qué defenderte.
La herramienta pensada para estos casos es la declaración amistosa de accidente (el clásico parte amistoso), un formulario europeo donde los dos conductores acordáis una sola versión de los hechos. Sirve para accidentes leves, sin heridos y con daños moderados. Rellenarlo y firmarlo agiliza enormemente el trámite y evita discusiones posteriores sobre quién tuvo la culpa.
Cuidado con dos situaciones. Primera: un parte amistoso sin firmar por las dos partes no sirve de nada, así que no te vayas del lugar con un papel a medias. Segunda: si el otro conductor se niega a firmar, no hay acuerdo o hay heridos, llama a la Policía o a la Guardia Civil para que levanten un atestado. Ese documento oficial sustituye al parte amistoso con mucha más fuerza legal y evita que te quedes sin pruebas si más adelante niegan su responsabilidad.
Errores que hacen perder dinero en esta decisión
La prima sube durante todo el periodo de recuperación, no un recibo suelto.
Dar parte por algo que cuesta menos que tu franquicia no aporta nada.
Sin firma ni parte, el otro puede reclamarte después sin problema.
Callar un daño ajeno para salvar el bonus te deja sin cobertura y expuesto.
Sin saber lo que cuesta el arreglo, no puedes comparar nada de forma seria.
Golpes distintos pueden implicar una franquicia por cada uno.
Dudas habituales
¿Me sube la prima solo por preguntar a mi aseguradora?
Consultar un caso hipotético no debería activar nada. Lo que penaliza es la apertura de un siniestro con culpa. Si tienes dudas, pregunta en términos generales antes de que se registre el parte, aunque en la práctica muchas gestiones ya quedan anotadas, así que sé prudente con lo que declaras.
¿Cuánto tardo en recuperar la bonificación que pierdo?
Depende de la escala de tu compañía, pero lo normal es ascender uno o dos escalones por cada año sin partes. Volver a tu tramo anterior suele llevar de dos a cuatro años, y en las escalas más severas puede superar los cinco.
Si pago yo el arreglo, ¿tengo que avisar igualmente al seguro?
Si el daño es solo tuyo y no vas a usar la cobertura, no estás obligado a abrir un siniestro. La comunicación del artículo 16 aplica cuando quieres que el seguro responda. Otra cosa es un daño con terceros: ahí sí debes declarar.
¿Un parte sin culpa también me penaliza?
En general, los partes en los que no eres responsable no deberían hacerte perder bonificación, aunque sí quedan en tu historial de siniestralidad. Lo que castiga el bonus malus son los partes con culpa.
¿Y si el daño lo cubre una garantía sin franquicia, como la luna?
Coberturas como la rotura de lunas suelen ir aparte y muchas veces no penalizan el bonus ni llevan franquicia. En esos casos casi siempre conviene dar el parte. Revisa tu póliza, porque cada garantía tiene sus condiciones.
¿Puedo dar el parte y luego echarme atrás si el arreglo sale barato?
Una vez abierto el siniestro con culpa, el registro ya cuenta a efectos de bonus malus aunque renuncies al pago. Por eso conviene pedir presupuesto antes de declarar y no al revés.
¿Es legal el pacto de pagar en mano y no dar parte?
Entre particulares, por daños materiales y sin heridos, un acuerdo es válido. El problema es probarlo. Si lo haces, deja constancia por escrito o usa el parte amistoso firmado por ambos; un pacto verbal no te protege si el otro reclama después.
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Antes de coger el teléfono, haz la resta
La decisión de dar el parte o pagar el arreglo se resuelve casi siempre con una operación de treinta segundos: pide un presupuesto real del taller, mira tu prima anual y compárala con la subida acumulada de tres o cuatro años. Si el arreglo es barato y el golpe es solo tuyo, pagarlo de tu bolsillo suele proteger mejor tu bolsillo a largo plazo. Si es caro, o hay terceros o heridos de por medio, el parte es la vía correcta y a veces la única. La calculadora de arriba te da el veredicto orientativo; tu póliza, la escala de tu compañía y las fuentes oficiales como UNESPA, la Dirección General de Seguros y el texto de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro en el BOE te dan la letra pequeña que confirma cada caso.
Contenido revisado en septiembre de 2026. Guía informativa e independiente; para tu caso concreto confirma siempre las condiciones en tu póliza o con la aseguradora.
